Yo me quedo

Yo me quedo

1982

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TEMAS DEL DISCO

1 – Hombre preso que mira a su hijo (Mario Benedetti – Pablo Milanés)

Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia,
a quién se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capanga.
Que la Patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la Patria funcionaba bien;
en las canchas y en los pastoreos.

Realmente, Botija, no sabían un corno,
pobrecitos creían que “libertad”
era tan sólo una palabra aguda
que muerte, era tan sólo grave o llana,
que cárceles, por suerte una palabra esdrújula
olvidaban poner el acento en el hombre.

La culpa no era exactamente de ellos,
sino de otros más duros y siniestros
y estos sí, como nos ensartaron
en la limpia república verbal y cómo idealizaron
la vidurria de vaca y estancieros
y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles.

Uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede, por eso estoy aquí,
mirándote y echándote de menos.
Por eso es que no puedo despeinarte el jopo,
ni ayudarte con la tabla del nueve
y acribillarte a pelotazos.

Vos sabes bien que tuve que elegir
otros juegos y que los jugué en serio.
Y jugué, por ejemplo, a los ladrones
y los ladrones eran policías
y jugué, por ejemplo, a la escondida
si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha y era de sangre.

Botija, aunque tengas pocos años,
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides, por eso
no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones.
Todas estas llagas, hinchazones y heridas
que tus ojos redondos miran hipnotizados
son durísimos golpes, son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte,
demasiado suplicio para que se me borre.

Pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló o puteó como un loco
que es una linda forma de callar
que tu viejo olvidó todos los números,
por eso no podría ayudarte en las tablas
y por lo tanto olvidé todos los teléfonos
y las calles y el color de los ojos,
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina y en qué bar,
qué parada, qué casa.

Y acordarme de ti,
de tu carita me ayudaba a callar,
una cosa es morirse de dolor
y otra cosa morirse de vergüenza.
Por eso ahora, me podés preguntar
y sobre todo puedo yo responder.
Uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho
de no hacer lo que no quiere.
Llora no más, Botija,
son macanas que los hombres no lloran,
aquí lloramos todos,
gritamos, chillamos, moqueamos, berreamos,
maldecimos, porque es mejor llorar que traicionar,
porque es mejor llorar que traicionarse,
llorar, pero no olvidés.

2 – Acto de fe (Pablo Milanés)

Creo en ti,
como creo cuando crece
cuanto se siente y padece
al mirar alrededor.

Creo en ti,
y me alegro que el mañana
a través de mi ventana
nunca sea igual que hoy.

Creo en ti,
porque dándome disgustos
o queriéndome mucho
siempre vuelvo a ti.

Creo en ti,
lleno de contradicciones
presto a soluciones
siempre creo en ti.

Creo en ti,
porque nada hay más humano
que prenderse de tu mano
y caminar creyendo en ti.

Creo en ti,
como creo en Dios
que eres tú, que soy yo,
en ti, Revolución.

(1980)

3 – Te quiero porque te quiero (Pablo Milanés)

Te quiero porque te quiero
con esta sentencia
quiero abrirme de corazón.
Si el amor en mi opinión
es dar todo lo que anhelo
te quiero con más razón.

Para amar no hay que jugar
todo el tiempo a filosofar
me fue preciso incorporar
lo que soné, lo que viví,
y que te ha hecho salir de mí
y va hacia ti.

Yo te miro cual canción
que inspira una revolución,
tú me ves como una flor
que al conjugar, yendo a pensar
la maravilla que ha echado
a andar, poderte amar.

También te quiero así,
con mis dolores, mis frustaciones,
vivo junto a ti.
Sufriendo unidos crecen los amores
odiaste lo más fácil para mí.

No creo que tu belleza se marchite
si el peso de los años procuró
que otra belleza borre lo más triste
sólo lo más auténtico quedó.
Vamos a ver.

4 – Yolanda (Pablo Milanés)

Esto no puede ser no más que una canción;
quisiera fuera una declaración de amor,
romántica, sin reparar en formas tales
que pongan freno a lo que siento ahora a raudales.
Te amo,
te amo,
eternamente, te amo.

Si me faltaras, no voy a morirme;
si he de morir, quiero que sea contigo.
Mi soledad se siente acompañada,
por eso a veces sé que necesito
tu mano,
tu mano,
eternamente, tu mano.

Cuando te vi sabía que era cierto
este temor de hallarme descubierto.
Tú me desnudas con siete razones,
me abres el pecho siempre que me colmas
de amores,
de amores,
eternamente, de amores.

Si alguna vez me siento derrotado,
renuncio a ver el sol cada mañana;
rezando el credo que me has enseñado,
miro tu cara y digo en la ventana:
Yolanda,
Yolanda,
eternamente, Yolanda.

(1970)

5 – Mírame bien (Pablo Milanés)

Mírame bien, no creo ser el hombre
que a cualquier dama asombre
y es que mi mejor tiempo pasó.
Te miro bien, provocas que me asombre
gustas a cualquier hombre,
tu vida comenzó.

Cuando camino junto a ti
llevo una prisa
que mueve a risa y mueve a trágico dolor.
No quiero más que siga esta mentira:
tú naciendo a la vida
y a mí que se me va.

¿Qué quieres tú? Tener una experiencia,
porque tu muchacho no piensa
y sales a buscar,
algo más que no sea esa gran savia vital
que entorpece la idea
y que no te deja soñar.

¿Qué quiero yo? Demostrar que no es cierto,
que todo tuvo su momento,
que siempre hay que llenar
cada fase que llega, pues después se va a buscar
y el ocaso te ciega
y él no suele perdonar.

No busques más, no fuerces tu destino,
un día en el camino
tu verdadero amor hallarás.
Yo volveré a esa paz deseada
aunque no quiera nada
y allí, recordaré.

(1982)

6 – No vivo en una sociedad perfecta (Pablo Milanés)

No vivo en una sociedad perfecta
yo pido que no se le dé ese nombre,
si alguna cosa me hace sentir esta
es porque la hacen mujeres y hombres.

Quien la vio nacer, quien la idealizó,
quien vio que cambió a su parecer
le duele que hoy no sea la rosa
que conquistó el jardín de su vida.

Quien la hizo nacer, quien participó,
quien la hizo cambiar y no perecer,
no le complacen todas las cosas
pero por esto da ya la vida.

El extremista y el cobarde
van convergiendo en su dolor
mientras el resto con amor
trabaja porque se le hace tarde.

Así sucede en los parajes
donde subir te hace mejor
el falso no tiene valor
el verdadero sigue su viaje.

(1980)

7 – Quien me tienda la mano al pasar (Pablo Milanés)

Recuerdo el día exacto en que te conocí;
iba pegado al cielo y apenas te sentí.
Me descubriste todo de una vez
y hacia tu mano abierta me lancé.

En toda una persona, hube de cambiar;
gente respetable para acometer,
todo un horario fijo para andar,
un diario y la mesa lista: a envejecer.

Era el perfecto aburrido fragor
de una búsqueda al centro del sol
quemando mi muerte.

Después, con los hechos cotidianos fue
que nos proyectamos para hacernos tres.
En la esperanza del que iba a nacer,
mis frustraciones todas las volqué.

Mientras que los hechos hubo que forzar,
todo este triste mundo tendió a fracasar.
Lo único estable es la felicidad,
que no se compra ni se da en caridad.

Era la alegría de un pájaro gris,
con su canto pidiendo morir
porque estaba preso.

Ahora, junto al cielo me voy a quedar;
quien me tienda una mano al pasar*
comparte mi suerte.

* La versión citada es la del disco ”El hombre de Maisinicú”. En las versiones posteriores dice “quien me tienda la mano al pasar”.

(1970)

8 – Amo esta isla (Pablo Milanés)

Amo esta isla, soy del Caribe
jamás podría pisar tierra firme,
porque me inhibe.

No me hablen de continente
que ya se han abarrotado,
usted mira a todos lados,
y lo ve lleno de gente,
no es que tanto me moleste,
pero pocos son de allí,
se fueron de allá, de aquí,
y hoy arrastran esa pena,
de sentirse entre cadenas,
que es lo que me pasa a mí.

El que nació en el Caribe,
goza de una facultad,
al sentir su libertad,
se identifica y la vive,
al cambiar la que lo inhibe,
por su mar, por su palmera,
una eterna primavera,
o un sol que entra en su piel,
va sintiendo que no es él
y pierde hasta su bandera.

(1980)

9 – Yo me quedo (Pablo Milanés)

¿Qué casa te albergará,
en qué esquina has de pararte,
qué barrio recorrerás
para hallarte?

¿Qué vecino te hablará,
qué compadre irá a buscarte,
qué amigo compartirás
para entregarte?

Yo me quedo con todas esas cosas
pequeñas, silenciosas,
con esas yo me quedo.

Ya no quiero hablarte de otras cosas
más dignas, más hermosas,
con esas yo me quedo.

¿Qué verde ha de deslumbrarte,
qué tierra con su humedad,
sus olores, su humildad
va a faltarte?

¿Qué mares han de bañarte
y qué sol te abrazará,
qué clase de libertad
van a darte?

(1980)