Canción de Otoño

Canción de Otoño

2014

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Un día de Diciembre del 2013, recibimos la inesperada visita de Pablo en nuestra casa. Venía a proponernos retomar un proyecto con el que habíamos soñado juntos muchos años atrás.

Este disco es el resultado de aquel sueño que duró más de veinte años en hacerse real. Un sueño que quizás comenzó mucho antes: -cuando escuché por primera vez la voz de Pablo, cuando yo todavía no escribía canciones. Más allá de esos vasos comunicantes que pueden tenderse entre un autor y su intérprete (y en esto mi obra ha sido más que afortunada), y aun antes de proclamar el orgullo incontenible que siento al escuchar estos cantos en su voz, debo confesar que la mayoría de mis canciones, las que finalmente componen este disco, algunas de las que no han cabido aquí, y muchas de las que aún espero componer, tienen como fuente inspiradora el timbre emocionado y emocionante de la voz de Pablo Milanés. Una voz que es parte inseparable del espacio espiritual de “lo cubano en la música”.

La voz de Pablo, generosa siempre y crecida con los años. a veces contenida e intima, pero también , de pronto, torrencial y desbordada, parece recorrer y develar el secreto de estos versos , y lo hace diríase con apasionada naturalidad, como quién, desde siempre, bien conoce y ejerce los oficios del cariño, el ritual de los abrazos; el júbilo, la lágrima, la ilusión invencible y la promesa eterna del amor”

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TEMAS DEL DISCO

1 – Canción de otoño (Rubén Darío – José María Vitier)

Cuando mi pensamiento
va hacia ti se perfuma.
Tu mirar es tan dulce
que se torna profundo.
Bajo tus pies desnudos
aún hay blancor de espuma.
Y en tus labios
compendias la alegría del mundo.

El amor pasajero
tiene el encanto breve
y ofrece un igual término
para el goce y la pena.
Hace una hora que un nombre
grabé sobre la nieve.
Hace un minuto dije
mi amor sobre la arena.

Las hojas amarillas
caen en la alameda
en donde vagan
tantas parejas amorosas.
Y en la copa de otoño
un vago vino queda
en que han de desojarse,
Primavera, tus rosas.

2 – Besos (Gabriela Mistral – José María Vitier)

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada,
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles,
hay besos enigmáticos, sinceros,
hay besos que se dan sólo las almas,
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

3 – Tengo miedo a perder la maravilla (Federico García Lorca – José María Vitier)

Tengo miedo a perder la maravilla,
de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

4 – Al pie de tus altares (José María Vitier)

Tú que has sido el consuelo de los pobres.
Tú que conoces el corazón de los cubanos.
Tú, que no existe milagro que no obres,
haz divino el milagro de lo humano.

Tu imagen bendecida, tu ser leve,
como el Niño que abrazas con ternura,
es promesa de la vida que perdura,
más allá de la vida dura y breve.

Que en la serenidad de tu mirada
se acerquen los amores más distantes,
se sane el corazón de los amantes
y el amado se encuentre con a su amada.

Tú que llegaste a Cuba por los mares
bendice las aguas del regreso,
para que juntos entonemos este rezo,
por siempre unidos al pie de tus altares.

5 – Deseos (Salvador Díaz Mirón – José María Vitier)

Yo quisiera salvar esa distancia,
ese abismo fatal que nos divide,
y embriagarme de amor con la fragancia
mística y pura que tu ser despide.

Yo quisiera ser el lino de los lazos
que nos unen en la sombra cuando vienes;
yo quisiera en el cielo de tus brazos
¡beber la gloria que en los labios tienes!

Yo quisiera ser agua y que en mis olas,
que en mis olas vinieras a bañarte,
para poder, como lo sueño a solas,
¡a un mismo tiempo por doquier besarte!

¡Oh, yo quisiera mucho más! ¡Quisiera
llevarte en mí como la nube al fuego,
más no como la nube en su carrera
¡para estallar y separarse luego!

Yo quisiera en mi misma confundirte,
confundirte en mi misma y entrañarte;
yo quisiera en perfume convertirte,
¡convertirte en perfume y aspirarte!

6 – Amor (Cintio Vitier – José María Vitier)

Si vieras en qué playas te he querido
y en qué estrella te ocultas invencible,
qué acentos de mi voz has escogido,
hasta dónde te hunde lo imposible
desde mi sueño al tuyo melodioso
como una clara ola que me inunda.

Cruzáramos los dos el negro foso
de la tierra y el mar que nos circunda,
y cruzáramos más: la tibia fuente
de luz definidora, el campo serio
de flor que nos aguarda, y, lentamente,
hiciéramos de amor un fijo imperio.

7 – Se dice cubano (José Martí – José María Vitier)

Yo no sé qué misterio de ternura
tiene esa dulcísima palabra:
Cubano.

Ni que sabor tan puro
sobre el de la palabra misma de hombre
que ya es tan bella,
que si se la pronuncia como se debe,
parece que es el aire como nimbo de oro
y es trono, o cumbre, la naturaleza.

Yo no sé qué misterio de ternura
tiene esa dulcísima palabra.

Se dice cubano.

8 – Tus ojos claros (José María Vitier)

Pues me han llamado,
y sin saberlo, ay,
tus ojos claros.
Y sin quererlo tú, me han derrotado.
Y allí donde es más clara su luz
soy vulnerado.

Y no soñé jamás que una victoria
tornara mi sino afortunado,
que el perder de esta forma no es afrenta
si no suave destino deseado.

Con blanda espada soy,
qué dulcemente traspasado.
Mas yo sabré responder, a ese llamado,
que ya me puedo morir
si en tu mirada yo soy
resucitado.

9 – Solo el amor (Fina García-Marruz – José María Vitier)

Cuando te llamo,
no vienes.

Cuando me llamas,
no voy.

Para que a nuestro encuentro vaya
solo, el amor.

10 – El aire que te rodea (José María Vitier)

El aire que te rodea, amada mía,
es un viento de oro y de mañanas.
Entra como la luz por las ventanas
iluminando mi alma cada día,
interminable y pura melodía.

Tanto milagro cierto, tanta suerte,
tanto secreto inmenso y compartido,
me hace vivir más pleno lo vivido,
y conocer la paz, vencer la muerte,
renacido en fa dicha de tenerte.

Amada mía, sangre de mis venas,
alivio de mis penas,
sol de mi esperanza,
fuente viva de dulzura.

Qué más puedo pedir si en este instante
reconozco por fin que mi destino,
condujo tu sendero a mi camino
y me puso a tus pies, mi dulce amante.

Qué más puedo pedir,
tú me has cambiado.

Príncipe soy; leal a tu mirada,
niño otra vez y siempre deslumbrado,
tú me has transfigurado como un hada,
y habito tu paisaje enamorado.

Salto al vacío tomado de tus manos,
y sólo con mirar tus ojos bellos
no quiero regresar. Estoy de vuelo,
al centro de tu cuerpo deseado.

11 – Quizás fue ayer (Silvia Rodríguez Rivero – José María Vitier)

Quizás fue ayer cuando te conocí.
Tal vez no hayan pasado tantos años.
Puede que seas tan sólo dulce engaño;
un sueño que en el alma presentí.

¿Será acaso que la noche en que te vi
fue tan larga como la vida mía,
y el amanecer de tus ojos cada día
sólo ha sido el primero que viví?

Cumbre de amor, en la que el alma mía
anidó para siempre enamorada.
¿Fue acaso aquella noche alucinada,
culpable eterna de mi fantasía?

Tiembla en mí aquel beso de tu boca.
Aún tu cuerpo roza tenue con el mío.
Contenida pasión, ardiente río
que derrama mi piel y la provoca.

Aún siento en la tersura de tu piel
la niña que fuiste y eres en mí.
En tus ojos veo aún el brillo aquel.
Quizás fue ayer cuando te conocí.

12 – Epigrama o [Al perderte yo a ti] (Ernesto Cardenal – José María Vitier)

Al perderte yo a ti,
tú y yo hemos perdido:

Yo, porque tú eras
lo que yo más amaba.

Y tú, porque yo era
el que te amaba más.

Pero de nosotros dos,
tú pierdes más que yo:

porque yo podré
amar a otras
como te amaba a ti,

pero a ti no te amaran,
como te amaba yo.

13 – Un pastorcico (San Juan de la Cruz – José María Vitier)

Un pastorcico, solo, está penado,
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.

No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido,
más llora por pensar que está olvidado;

que sólo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.

Y al cabo de un gran rato, se ha encumbrado
sobre el árbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado asido de ellos,
el pecho del amor muy lastimado.

14 – Solía un ángel (Silvia Rodríguez Rivero – José María Vitier)

Solía un ángel estar
habitando mi ser.
Memoria de luz,
fulgor de ayer,
que tal vez ya perdí,
o quizás olvidé.
Inasible ha de estar,
ya no escucha mi voz,
Si lo intento encontrar,
Sólo siento su adiós.

De un antiguo laúd
he escuchado el rumor
de mi ángel que está
olvidado de amor.
En qué cruel soledad,
en qué oscura región
pudo mi alma trocar
su suerte por error.
Hoy lo vuelvo a buscar,
Sólo siento su adiós.

Ángel que amé,
ensoñación,
brisa fugaz.
Ángel de paz,
Bendice mi alma de amor.
Bendice mi alma,
de amor.